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Apuntes inciertos

Escribir, corregir, publicar.

Triste

El lunes por la mañana me quedé nuevamente sin trabajo. Llegué a casa pensando en ¿y ahora qué?, y me recosté en el mueble diciéndome que era una raya más, que al fin y al cabo era un trabajo de mierda y cosas de ese tipo que uno mismo se dice subir su ánimo. Entró mi hija y me preguntó, «¿Estás triste, papá?». Qué habrá notado. Seguir leyendo “Triste”

Jugaban

Me asomé a la ventana del dormitorio y en la vereda de enfrente dos púberes se manoseaban con esa furia gozosa de los que creen descubrir las claves del universo. Jugaban, en realidad, y aunque para mis adentros dije perdónalos, señor, porque no saben lo que hacen, estaba más que claro que sí sabían lo que hacían. En especial ella, que tenía arrinconado al flacucho contra un árbol y con la mirada le hizo saber que esa batalla era suya.

Jugaban, decía, y ella, con sus manitas nerviosas, arrancó unas semillas para meterlas por debajo de la ropa de él, dentro del pantalón para ser más exacto, y por la parte de adelante, si es que quieren saber más, pero sin lanzar las semillas y que se las arreglen a su suerte, sino metiendo la mano con todo, frotando y esparciéndolas en “las partes” de su amiguito. No faltaban los besos, claro, pero las manos, como saben, cuando agarran viada en situaciones así, siempre hacen más de lo que se les pide, toman sus propias decisiones y hasta parece que cobran vida propia. Él, en un tímido contra ataque, como para demostrarle de qué material está hecho un hombre, o su prospecto, también arrancó algunas semillas, metió la mano dentro del polo de ella, por el cuello para ser más exacto, e hizo lo propio en unos pechos que no terminaban de ser.

¿Qué hacer en estos casos?, ¿gritarles que se vayan a un hotel?, ¿hacerlos pasar a la sala, guiñarles el ojo y decirles «diviértanse, chicos, nadie los va a molestar», mientras cierras la puerta y vas por un cigarrillo?, ¿llamar a serenazgo? pero, ¿cuál era el crimen?, ¿cuál el disturbio? Pasado el clímax, si acaso lo hubo, se abrazaron y ella apoyó su quijada en el hombro de él. Luego levantó la mirada y me vio parado en la ventana; un tío mirón habrá pensado, y siguieron en lo suyo.

Jugaban, decía, a sus doce o trece, ¿pero a qué?

Ella

Esa casa era, en realidad, una casona demasiado grande y vieja para mi gusto. Era cuestión de pasar el portón de para encontrarse con el territorio de Argos, un perro de chacra del tamaño de un poni, dueño del patio salpicado de geranios y dalias. Al lado izquierdo de la puerta que llevaba a la sala, una banca de madera, como la de los parques, y a su costado un pene de piedra robado del Templo de la fertilidad de Chucuito. Seguir leyendo “Ella”

En el taller de ética: respetar las leyes

En el taller de ética proyectamos los resultados de una encuesta sobre el respeto a las leyes en el Perú. Aquí las preguntas: ¿considera que en el Perú las personas respetan las leyes?, ¿y las autoridades?, ¿y los políticos? Los resultados son previsibles. Los que salen mejor parados son “las personas” o el ciudadano de a pie; y mejor parados significa que el 95 % de los encuestados piensan que estos no respetan las leyes Seguir leyendo “En el taller de ética: respetar las leyes”

En el taller de ética: contratación dirigida

 

En el taller de ética, pedí a los participantes –alrededor de treinta funcionarios– que levanten la mano quienes ingresaron a trabajar para el Estado gracias a una contratación dirigida. Minutos antes hablábamos sobre transparencia en la gestión pública y conversábamos sobre la forma en que, normalmente, se ingresa al sector público. Seguir leyendo “En el taller de ética: contratación dirigida”

80 y 20

Me enteré por las noticias que cerraron el chifa de a la vuelta de mi casa porque vendían carne de perro. Ya decía yo que esos trocitos en el arroz chaufa especial no eran de chancho, pollo, ni res. La noticia añadía además un dato indigerible: no solo servían carne de perro, o de cachorro, para que no suene como suena, sino que además encontraron pequeños huesitos, Seguir leyendo “80 y 20”

Barquitos

Un niño le dio dos golpes en la espalda a mi hija de tres años, luego la abrazó y la sacudió varias veces para terminar lanzándola al piso de tierra. Estábamos con mi esposa, algunos amigos y sus hijos en un club campestre en las afueras de Lima. Un lugar, como tantos, destinado al escape habitual de fin de semana para la clase media, Seguir leyendo “Barquitos”

Morir un poco

El niño está sentado y en sus manos tiene un peluche que parece un oso, un perro o un elefantito café. Está de espaldas al espectador. Pero lo anterior no importa, porque el niño está triste y ese peluche no lo hace feliz. Lo que interesa es que tiene las piernas estiradas y tensas. Le duelen. Seguir leyendo “Morir un poco”

Experiencia mística

Concluí que si me internaba diez días en el Monasterio Benedictino de la Resurrección, tendría una experiencia mística. Durante esos días, después del desayuno, alternaba mis mañanas entre la biblioteca del Monasterio y el aprendizaje del francés, con un monje belga que lo sabía todo y más. Seguir leyendo “Experiencia mística”

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