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Apuntes Inciertos

Escribir, corregir, publicar.

Contagio

¡Ay, con las palabras! La Fundación del Español Urgente, la Fundéu, elige desde hace un tiempo la palabra más significativa del año. Eligieron selfi en 2014, refugiado y populismo en los dos años que siguieron. En 2017 aporofobia se llevó el galardón y por lo que sabemos de las fobias, se refiere al temor intenso, odio o antipatía por algo. Seguir leyendo “Contagio”

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Si quieres

En la Rusia del siglo XV, ocupada por los mongoles, un campesino caminaba con su esposa por un polvoriento camino rural. De repente, aparece un guerrero mongol en su caballo y le dice al campesino que va a violar a su mujer. «Pero como hay mucho polvo en el camino, mientras violo a tu mujer tienes que sujetarme los testículos para que no se me ensucien». Cuando termina la violación y el guerrero mongol se va, el campesino empieza a saltar de alegría en un extraño festejo. Seguir leyendo “Si quieres”

Logística

De vez en cuando, con Evelyn se nos da por imaginar sobre qué pasaría si decidiéramos separarnos. -Tendrías que irte, me dice, simulando estar indignada para darle un toque de realidad al ejercicio. -Claro, respondo, pero a un lugar cercano, pensando en la logística ante esa nueva circunstancia. Seguir leyendo “Logística”

Viernes 22

Estoy en una custer en la Avenida Abancay. Estoy parado, agarrándome del pasamano, mientras el conductor no decide si avanzar o parar por completo. Algunos suben con enormes bolsas de mercado que acomodan como pueden entre sus piernas. –Va a pagar dos pasajes, grita el cobrador. –Te pago, pues, cuál es el problema. Acá la gente habla como si estuviera a punto de pelear. Ya me ha tocado ser testigo de algo así, y me he tenido que hacer a un costado. Seguir leyendo “Viernes 22”

Una anécdota

Imagínese que al llegar a casa abre la nevera, aparta las bolsas con las alitas de pollo congeladas, la menudencia y la carne molida. Está haciendo espacio para que su hijo muerto, nacido prematuramente, se conserve porque no lo puede enterrar. Imagínese que logró hacer espacio en la nevera, que acomodó el cuerpo, que cerró la puerta,  que en una cartulina amarilla escribió NO TOCAR y que sujetó la advertencia con los imanes de la puerta de la  nevera, para que el cuerpo no termine en la sopa de mañana. Imagínese. Seguir leyendo “Una anécdota”

Triste

El lunes por la mañana me quedé nuevamente sin trabajo. Llegué a casa pensando en ¿y ahora qué?, y me recosté en el mueble diciéndome que era una raya más, que al fin y al cabo era un trabajo de mierda y cosas de ese tipo que uno mismo se dice subir su ánimo. Entró mi hija y me preguntó, «¿Estás triste, papá?». Qué habrá notado. Seguir leyendo “Triste”

Jugaban

Me asomé a la ventana del dormitorio y en la vereda de enfrente dos púberes se manoseaban con esa furia gozosa de los que creen descubrir las claves del universo. Jugaban, en realidad, y aunque para mis adentros dije perdónalos, señor, porque no saben lo que hacen, estaba más que claro que sí sabían lo que hacían. En especial ella, que tenía arrinconado al flacucho contra un árbol y con la mirada le hizo saber que esa batalla era suya.

Jugaban, decía, y ella, con sus manitas nerviosas, arrancó unas semillas para meterlas por debajo de la ropa de él, dentro del pantalón para ser más exacto, y por la parte de adelante, si es que quieren saber más, pero sin lanzar las semillas y que se las arreglen a su suerte, sino metiendo la mano con todo, frotando y esparciéndolas en “las partes” de su amiguito. No faltaban los besos, claro, pero las manos, como saben, cuando agarran viada en situaciones así, siempre hacen más de lo que se les pide, toman sus propias decisiones y hasta parece que cobran vida propia. Él, en un tímido contra ataque, como para demostrarle de qué material está hecho un hombre, o su prospecto, también arrancó algunas semillas, metió la mano dentro del polo de ella, por el cuello para ser más exacto, e hizo lo propio en unos pechos que no terminaban de ser.

¿Qué hacer en estos casos?, ¿gritarles que se vayan a un hotel?, ¿hacerlos pasar a la sala, guiñarles el ojo y decirles «diviértanse, chicos, nadie los va a molestar», mientras cierras la puerta y vas por un cigarrillo?, ¿llamar a serenazgo? pero, ¿cuál era el crimen?, ¿cuál el disturbio? Pasado el clímax, si acaso lo hubo, se abrazaron y ella apoyó su quijada en el hombro de él. Luego levantó la mirada y me vio parado en la ventana; un tío mirón habrá pensado, y siguieron en lo suyo.

Jugaban, decía, a sus doce o trece, ¿pero a qué?

Ella

Esa casa era, en realidad, una casona demasiado grande y vieja para mi gusto. Era cuestión de pasar el portón de para encontrarse con el territorio de Argos, un perro de chacra del tamaño de un poni, dueño del patio salpicado de geranios y dalias. Al lado izquierdo de la puerta que llevaba a la sala, una banca de madera, como la de los parques, y a su costado un pene de piedra robado del Templo de la fertilidad de Chucuito. Seguir leyendo “Ella”

En el taller de ética: respetar las leyes

En el taller de ética proyectamos los resultados de una encuesta sobre el respeto a las leyes en el Perú. Aquí las preguntas: ¿considera que en el Perú las personas respetan las leyes?, ¿y las autoridades?, ¿y los políticos? Los resultados son previsibles. Los que salen mejor parados son “las personas” o el ciudadano de a pie; y mejor parados significa que el 95 % de los encuestados piensan que estos no respetan las leyes Seguir leyendo “En el taller de ética: respetar las leyes”

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