En el taller de ética proyectamos los resultados de una encuesta sobre el respeto a las leyes en el Perú. Aquí las preguntas: ¿considera que en el Perú las personas respetan las leyes?, ¿y las autoridades?, ¿y los políticos? Los resultados son previsibles. Los que salen mejor parados son “las personas” o el ciudadano de a pie; y mejor parados significa que el 95 % de los encuestados piensan que estos no respetan las leyes, para los demás, ya lo habrán imaginado, los resultados raspan el 100 %. Siempre hay alguien que dice que solo es una encuesta, una percepción, que no podemos estar tan mal, y vaya usted a saber a quién le preguntaron y cuál era su estado de ánimo. En efecto, digo, se recogió una percepción, una idea, un sentido común, y sin embargo también es un síntoma que nos recuerda la gangrena que nos carcome. Y esto fue antes de lo de Odebrecht, así que podemos hacernos una idea de cómo sería ahora. Luego pregunto ¿Qué tipo de instituciones públicas tendrá un país donde se considera que nadie o casi nadie respeta las leyes? Los participantes hacen su catarsis: instituciones corruptas, mediocres e inmorales; instituciones racistas, aprovechadoras y que no están al servicio de la gente; instituciones donde funciona la vara, el amiguismo, la imposición del más vivo y donde no se respetan ni los derechos de los trabajadores; instituciones insensibles, discriminadoras, antidemocráticas y etcétera. Todo lo dicen ellos y la pregunta que sigue cae por su peso: ¿También están hablando de esta institución, verdad?, es decir, ¿también están hablando de ustedes? Durante unos segundos nadie dice nada y algunos sueltan esas risitas que pueden significar cualquier cosa. Entonces, antes de que alguien diga esta voz es mía, hago un recuento: les pregunté qué tipo de instituciones públicas tiene un país donde no se respetan las leyes y han dicho todo lo que han dicho, y como estamos en el auditorio de una institución pública -continúo-, con casi cuarenta funcionarios y funcionarias, convénzame entonces que son una burbuja, una excepción, o el ejemplo que deben seguir los demás. En realidad no tienen que convencerme de nada, pero decirlo así, en ese momento, a esas alturas y con ellos, me parece que la idea cobra contundencia. Bueno, reaccionan, es que solo estamos viendo el lado negativo. Veamos el positivo, entonces. Pero nadie hace catarsis. Las frases “con lo positivo”, con lo que consideran que está bien, caen como gotero, a las justas, porque es más lo que está podrido. Y lo saben.

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