En el taller de ética, pedí a los participantes –alrededor de treinta funcionarios– que levanten la mano quienes ingresaron a trabajar para el Estado gracias a una contratación dirigida. Minutos antes hablábamos sobre transparencia en la gestión pública y conversábamos sobre la forma en que, normalmente, se ingresa al sector público. Minutos antes proyectábamos imágenes de términos de referencia, donde la PCM convocaba a un Bachiller en Derecho o en Ciencia Política y que haya ganado, al menos, un premio en publicidad o campañas comunicacionales. Minutos antes proyectábamos imágenes de términos de referencia donde se convocaba a un estudiante universitario de últimos años de Administración con diez años de experiencia en gestión pública. Sí, pedían diez años de experiencia trabajando para el Estado a un estudiante universitario. Es que puede que haya alguien con ese perfil, argumentó alguien. Claro, respondo, claro que hay alguien, ¿lo dudan? Y ejemplos así. Qué tontos, dijo una participante, nosotros hacemos todo bien para que ingrese quien debe ingresar, y lo hacemos bien.

Minutos después proyectamos una imagen del muro de Facebook de una amiga, donde se convocaba a comunicadores para un ministerio. Todo muy bien, hasta el final de su publicación: PD, no está dirigida. Minutos después conversamos sobre la pregunta que uno se hace cuando se entera de una convocatoria: ¿Tiene nombre? Y, en efecto, dijeron que casi siempre lo tiene.

Minutos después me dijeron no te arañes, compadre, ya saldrá una con tu nombre, apellido y apodo, solo es cuestión de saber moverse, de tener los amigos correctos, de ser salamero con la persona indicada, de ajustarse al sistema, y de sudar la camiseta si es necesario, ustedes me entienden. En fin, en el taller de ética, decíamos, pedí  que levanten la mano los que ingresaron a trabajar gracias a un concurso dirigido. Una participante bajó la mirada y los demás no sabían si reírse o decir algo, lo que sea. Estoy bromeando -les dije- y nos fuimos al refrigerio. Pero no, no estaba bromeando.

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